La sociedad hausa está jerarquizada por el nacimiento, el oficio, la riqueza y los lazos de patronazgo. Los títulos de corte (sarauta) se heredan o se conceden; la gente común se llama talakawa. Se espera que un hombre rico o un oficial titulado mantenga a sus clientes, que a cambio ofrecen lealtad, servicio y respaldo. Salamone señala que esto se modela sobre la relación padre-hijo y que la lealtad hacia emires y funcionarios se expresa en términos familiares.
El sistema se hace oír públicamente gracias a los maroka, cantores de alabanzas y tamborileros profesionales. En una cultura que desaprueba el elogio propio, proclaman el linaje, la generosidad y las virtudes de sus patronos y reciben regalos a cambio. Tienen también poder social: no recompensar a un cantor puede traer críticas públicas.
- La riqueza obliga. Quien tiene medios debe redistribuir: acoger invitados, alimentar seguidores, patrocinar ceremonias.
- El oficio suele ser de familia. Los hijos suelen aprender el oficio o el comercio del padre.
- Respeto y evitación. Las relaciones entre jóvenes y mayores, y entre ciertos parientes, siguen pautas fijas de deferencia.
Fuentes de este artículo
- Salamone 2010, cap. 1, pp. 2–4; cap. 14, p. 142
- Furniss 1996, capítulos sobre el canto de alabanza
- Unsigned overview (n.d.), sección «Kinship, Patronage, and Praise Singing» (esquema)