Salamone describe un sistema por capas. Los mercados de aldea se celebran en ciclos de tres o cuatro días; las ciudades tienen mercados diarios; y todos se enlazan con un gran mercado central en la capital regional. Oficiales, hombres y mujeres, mantienen el orden, cobran tasas y resuelven disputas, siguiendo la misma jerarquía por rangos que el resto de la sociedad hausa.
Muchos negocios se cierran con un apretón de manos y la palabra dada, no con un contrato escrito. La confianza se organiza mediante el parentesco, la clientela y el origen común, y por eso los comerciantes hausa de ciudades lejanas, de Ibadán a Kumasi, han vivido tradicionalmente en barrios muy unidos y ayudado a los recién llegados de su tierra.
- Patrón y cliente. Se espera que un hombre rico mantenga a sus clientes, que le devuelven lealtad y servicio; la riqueza trae responsabilidad.
- Especialistas. Tejedores, tintoreros, sastres, carniceros, herreros, cantores de alabanzas y otros suelen transmitir su oficio de padre a hijo.
- Trabajo según el género. En los hogares hausa musulmanes, los hombres se ocupan del campo y del mercado, mientras que las mujeres cocinan, crían a los hijos, practican una artesanía y a menudo comercian a través de hijas jóvenes u otros intermediarios.
Estas descripciones proceden de trabajos de campo de finales del siglo XX; hoy muchas mujeres comercian directamente y el comercio por teléfono está cambiando los ritmos de los antiguos mercados.
Fuentes de este artículo
- Salamone 2010, cap. 1, pp. 2–4; cap. 14, p. 142; cap. 10, p. 110