El país hausa estaba en una encrucijada. Las caravanas del norte de África cruzaban el Sahara por Agadez y Bilma con sal, objetos de cobre, libros y telas, y volvían con cuero, tela teñida de índigo, nueces de cola del sur y, en siglos anteriores, oro y personas esclavizadas. Las ciudades hausa no eran simples paradas: producían bienes para vender y sus comerciantes viajaban.
Historiadores como Paul Lovejoy han subrayado el papel de los wangara, comerciantes y letrados mandé llegados del oeste, cuyas redes de larga distancia unieron la curva del Níger con el país hausa a partir de los siglos XV y XVI. La tradición les atribuye además haber llevado el islam a Kano (véase el capítulo sobre el islam).
Hay que ser honesto con la cara oscura. El comercio del Sudán central incluía la venta de cautivos, y algunos estados hausa, sobre todo Zazzau, eran conocidos por sus incursiones. Más tarde, el califato de Sokoto también se apoyó en trabajo esclavo en grandes fincas. Esa historia forma parte del registro y se tratará a fondo en capítulos posteriores.
Fuentes de este artículo
- Lovejoy 1978, artículo completo
- Last 1967, introducción
- Unsigned overview (n.d.), sección «Trans-Saharan Trade and Indigenous Industries» (esquema)