Las mujeres · 1/6

Reclusión, matrimonio y estatus

Matrimonio, parentesco y por qué la reclusión es un signo de estatus.

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Entre muchos hausa musulmanes, sobre todo en las ciudades y en las familias acomodadas, la mujer casada vive en buena parte dentro del recinto. Esta práctica se llama kulle, «encierro». Es una marca de estatus: un marido que puede mantener a sus esposas sin enviarlas a trabajar fuera muestra su riqueza. Salamone señala que sirve también de frontera étnica: los grupos vecinos no musulmanes, donde las mujeres se movían libremente, se distinguían de la élite hausa musulmana en parte por esta costumbre.

El matrimonio lo arreglan las familias. Un hombre puede tener hasta cuatro esposas, y los divorcios y segundas nupcias son comunes. Salamone cuenta que en una boda tradicional la novia no está presente en la fiesta que da su familia y recibe a los invitados y los regalos en casa de su padre, mientras las mujeres difunden la noticia llevándose a casa pasteles y dulces. Subraya también que la posición de una mujer depende de sus propios parientes y de su capacidad para protegerla. Una mujer que vive cerca de los suyos, sobre todo de un hermano o de la hermana de su madre, tiene a quién acudir si el matrimonio fracasa.

La reclusión se practica de forma desigual. Las mujeres rurales, sobre todo en las familias de agricultores y entre los maguzawa (véase el capítulo sobre las Creencias), trabajan en el campo y van al mercado. En las ciudades, las mujeres salen para bodas, ceremonias de nombre, funerales y visitas, normalmente después del anochecer o con velo. El sistema se entiende mejor como un conjunto de límites que las mujeres negocian que como una prohibición total de la vida pública.

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